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Vendió su startup. Un año después, volvió a emprender.

Cómo Ari Onega vendió Empretienda, se reconstruyó y volvió a emprender con Certeza — y qué podés aprender de ese proceso si estás construyendo tu propia startup.

Hay founders que venden su empresa y se dedican a descansar o invertir. Y hay founders que venden, procesan, sanan y vuelven. Ari Onega es de los segundos.

Fundó Empretienda en 2020 junto a su socio Luciano, una plataforma que permitía a emprendedoras crear su tienda online en minutos. La pandemia los agarró recién lanzados y el crecimiento fue explosivo: 300 tiendas nuevas creadas por día en el pico. En 2022, Uala adquirió Empretienda. Después de dos años trabajando dentro de la fintech, Ari renunció. Se tomó un tiempo para cuidar su salud, volvió a su ciudad natal en Las Parejas y, cuando llegó el momento, volvió a emprender.

Hoy está construyendo Certeza, una plataforma con IA para que cualquier empresa — sin importar su tamaño — pueda certificarse en estándares internacionales como ISO 9001, ISO 27001 o SOC2, y así poder competir, exportar y crecer. Y lo hace, otra vez, junto a Luciano.

¿Qué hace Certeza y qué problema resuelve?

Miles de PYMEs en Argentina y Latinoamérica quedan afuera de licitaciones, cadenas de proveedores y oportunidades de exportación porque no tienen las certificaciones que exigen las empresas grandes. No es que no puedan cumplir con esos estándares: es que el proceso de certificación es complejo, caro y difícil de arrancar sin conocimiento previo.

Certeza simplifica ese proceso. La plataforma hace el onboarding de la empresa, genera las políticas automáticamente, gestiona la documentación, carga evidencias y organiza la gestión de riesgos. Todo apoyado en IA, con el acompañamiento de auditores e implementadores que usan la plataforma para hacer su trabajo más eficiente. El objetivo: que certificarse sea tan simple como crearse una tienda online.

La historia detrás del proyecto

Certeza no nació de un brainstorm. Nació de una cena en San Juan. Ari estaba viajando para dar talleres de tecnología para mujeres en proyectos mineros cuando alguien le dijo: «Necesito que conozcas a mi marido.» Ese marido era Martín Fonso, auditor líder ISO que soñaba con crear una plataforma para quedarse sin trabajo — es decir, para automatizar todo lo que le consumía tiempo en su consultora.

Ari googleó en el momento y no encontró nada que resolviera exactamente ese problema. Lo que sí encontró fue una oportunidad. Y en esa misma mesa dijo: «Conozco al único loco programador que nos puede seguir en esta.» Era Luciano, su ex pareja y socio histórico, todavía trabajando como líder técnico en Uala. Lo convenció. Luciano renunció. Hoy es el CTO y cofundador de Certeza.

Qué cambia cuando emprendés por segunda vez

Este es el corazón del episodio. Ari lo dice sin rodeos: en Empretienda, el ego mandaba. Cargaba con todo, no delegaba, tomaba todas las decisiones. Y eso tiene un costo. El cuerpo le avisó antes de que ella escuchara.

La venta y el tiempo de pausa le dieron algo que no se consigue en ningún libro: distancia para ver el propio proyecto desde afuera. Y desde ahí entendió que ella era mucho más que Empretienda, y que Empretienda podía ser mucho más grande si ella se corría del centro.

En Certeza, todo arrancó distinto. Formó equipo más rápido, salió a mostrar el producto antes de que estuviera «perfecto», absorbió directamente los clientes de Martín como primeros adoptadores, y estableció desde el día uno que su salud no es negociable. Hace gimnasia. Come bien. Corta a horario — o casi.

Desafíos y aprendizajes clave

Uno de los momentos más honestos del episodio es cuando Ari habla de lo que fue trabajar adentro de Uala después de la venta. La empresa tenía todo lo bueno de una fintech con adrenalina de startup. Su jefa era excelente. Pero algo en el ADN emprendedor igual te choca, dice: «No estoy en mi agua.» Estuvo dos años, cumplió su contrato y se fue.

También habla sin anestesia del año de pausa: operaciones de salud, recuperación, el bingo con la abuela, su familia cocinándole los miércoles y sábados. Lo necesitaba. Y eso, que podría parecer una pérdida de tiempo, fue la inversión más importante que hizo.

Tres aprendizajes para founders

  • Construí sin ego. Tu proyecto puede ser más grande de lo que imaginás si te corrés del centro y dejás que otros también lo construyan.
  • Tus primeros clientes ya los tenés. Si venís de ser consultor en algo y querés crear una startup en ese mercado, tus primeros adoptadores son los clientes que ya confiaron en vos. No partás de cero.
  • No negociés tu salud. La energía que perdés trabajando sin límites no se recupera con más horas. Se recupera con hábitos. Y desde un cuerpo sano se emprende diferente.

El paralelismo que emerge en la charla es poderoso: Empretienda hacía que emprendedoras de cualquier punto del país puedan vender online. Certeza hace que PYMEs de cualquier lugar puedan certificarse y competir con grandes. Misma visión. Diferente mercado. La tecnología como palanca para que los pequeños lleguen más lejos.

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